By Rosa Joao Guimaraes

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Contra el viento del norte

Leo Leike gets a message from an unknown lady named Emmi. although it used to be despatched to him by means of mistake, Leo, an informed and courteous guy, solutions. Attracted through his reaction, she writes to him back, and as soon as their discussion starts off, it is just a questio

Los Conflictos del Siglo XX: La Segunda Guerra Mundial

En esta serie, conformada por seis t#237;tulos, el lector encontrar#225; los hechos hist#243;ricos m#225;s significativos del mundo contempor#225;neo desde los angeles Primera Guerra Mundial hasta nuestros d#237;as. Es esta una obra deconsulta, especialmente dise#241;ada para todos aquellos que no s#243;lo deseen conocer en detalle el desarrollo cronol#243;gico y armamentista decada uno delos conflictos, sino tambi#n, y quiz#225;s lo que es m#225;s importante a#250;n, entender las causas de estos enfrentamientos entre los distintos pueblos y Estados ysus repercusiones enla geopol#237;tica real.

Grán Sertón: Veredas

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Nos fuimos. Yo bajaba los ojos para no retener los horizontes, que cancelados no alteraban, complementaban. Del sol y de todo, usted puede completar, imaginado; lo que no puede, para usted, es haber sido, vivido. Sepa tan sólo: el Liso del Susuarón concebía silencio y producía una ˜ Guimaraes ˜ Rosa Joao Gran sertón: veredas maldad ¡como una persona! ; y que Medeiro Vaz era demente, siempre existiendo enloqueciente, sólo que ahora peor, se destapaba; era lo que yo tenía urgencia de gritar: ¿Y los otros, los compañeros, qué es lo que los otros pensaban?

Joven: toda añoranza es una especie de vejez. Pero ahí, yo estaba contando: cuando grité aquel desafío rabioso Diadorín respondió lo que yo no esperaba: “No haya discordia, Riobaldo amigo, cálmate. No es preciso tomar precaución de muerte con esa Ana Duzuza. Ni nosotros vamos con 41 colección los ríos profundos 42 Medeiro Vaz para hacer barbaridades con la mujer y los hijos pequeños de aquel peor de los Judas, tanto que se lo merecían, porque él y los de su laya acostumbran a proceder así. Pero lo que queremos es únicamente coger a la familia prisionera con nosotros; ¡entonces viene, vaya si viene!

Unos negros que todavía saben cantar gabos en su lengua de la Costa. Y andemos: el yagunzo era el que caminaba ligero; en el llano, los legítimos cuitados todos viven demasiado despacio, pasmamiento. Con tanta miseria. En el llano, en lo pardo, es igual, igual: a mucha gente la entristece; pero yo nací gustándome. Las lluvias se templaron… Digo: otro mes, otra lejanía, en la Aroeriña hicimos parada. A lo que, en un portal, vi una mujer moza, vestida de rojo; se reía. “Eh, el de la afeitada barba…”, dijo ella.

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