By Esmeralda Santiago

Am?rica Gonzales es empleada de un lodge en una isla en los angeles costa de Puerto Rico, donde limpia los cuartos de extranjeros ricos que miran de reojo. Su madre alcoh?lica le tiene resentimiento...su novio Correa, quien es casado le pega...y su hija de catorce a?os piensa que su vida seria mejor en cualquier otro lugar menos donde est? America.Asi que cuando le ofrecen l. a. oportunidad de trabajar como criada y ni?era para una familia en el municipio de Weschester, Nueva York, the US cree que ha encontrado una puerta de get away. Pero al mismo tiempo en que disfruta del lujo relativo de su nueva vida atrevi?ndose incluso a querer a otro hombre que no sea Correa, Am?rica tiene que luchar contra l. a. constante sensaci?n de que nunca podra escapar su pasado, no importa lo que haga.

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América le pregunta a Ester. —No quiso comer—. Ester la mira con resentimiento. —¿Te frío un muslito? —No, estoy bien. —No debes comer esa comida fría. Te van a dar gases. América se levanta, raspando la silla contra las losas. Lleva su plato al fregadero, lo lava y lo pone a secar en el estante. Parece que Correa pasará la noche con ella. Se seca las manos en la toallita colgada de la puerta de la nevera y vuelve a la mesa a terminar su café, sus ojos sobre la vajilla incompleta, regalo de Correa.

Ya te lo dije… América la retiene por los hombros, apretándolos para que Rosalinda no se pueda zafar. —No se va a desaparecer el problema porque tú no lo quieras discutir. Yo tengo algo que decirte y tú me tienes que escuchar. —Yo no tengo que escuchar nada, no tengo que hacerlo—. Se cubre las orejas, cierra sus ojos, como si eso pudiera hacer que América desapareciera. Se retuerce, tratando de liberarse de las manos de América. —Te suelto si te sientas y hablas conmigo—. América no quiere sonar enojada; está, de hecho, tratando de mantenerse en calma, en control, de no perder la paciencia como le pasó anoche.

Yo he tratado de criarla lo mejor que pude, se asegura a sí misma. Hice todo lo posible para asegurarme de que ella tendría una vida mejor que la mía. ¿Qué pasó? —Los varones son más fáciles de criar que las hembras— Nilda declara entre bocados de arroz con jamón. —Los muchachos no son tan caprichosos como las muchachas y son más sinceros. Las nenas tienen un carácter más engañoso. América come su almuerzo bajo un árbol de mangó detrás de la cocina, sentada en un banco de madera que Don Irving puso para que los empleados tomaran sus descansos y comieran su almuerzo.

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