By Brad Meltzer

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Contra el viento del norte

Leo Leike gets a message from an unknown lady named Emmi. although it used to be despatched to him by way of mistake, Leo, an informed and courteous guy, solutions. Attracted by way of his reaction, she writes to him back, and as soon as their discussion starts, it's only a questio

Los Conflictos del Siglo XX: La Segunda Guerra Mundial

En esta serie, conformada por seis t#237;tulos, el lector encontrar#225; los hechos hist#243;ricos m#225;s significativos del mundo contempor#225;neo desde los angeles Primera Guerra Mundial hasta nuestros d#237;as. Es esta una obra deconsulta, especialmente dise#241;ada para todos aquellos que no s#243;lo deseen conocer en detalle el desarrollo cronol#243;gico y armamentista decada uno delos conflictos, sino tambi#n, y quiz#225;s lo que es m#225;s importante a#250;n, entender las causas de estos enfrentamientos entre los distintos pueblos y Estados ysus repercusiones enla geopol#237;tica genuine.

Grán Sertón: Veredas

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Irritante y molesto. Ambos miran el pequeño pin de oro que descansa en la esquina del escritorio de Claudia. Esculpido con la forma de la Casa Blanca, el pin no era más grande que una pieza del Monopoly, pero lo que lo distinguía eran las dos cabezas pobremente esculpidas del presidente y la primera dama, muy juntas y unidas por una oreja, que pendían de él. El presidente se lo había comprado a Claudia hacía algunos años a un chino como una broma. Hoy forma parte de la tradición: quienquiera que sea el último en llegar a la reunión de personal del lunes por la mañana lleva el pin durante toda la semana.

Preguntó O'Shea mientras el sedán giraba hacia un camino particular muy bien cuidado. —No está mal, Watson —susurró Micah—. Deberías dedicarte a esto profesionalmente. —¿Hay alguien con él? —No, está solo —dijo Micah—. Sin embargo, allí arriba ha pasado algo. El chico está con el rabo entre las piernas. Como si lo hubiesen dejado plantado. —¿Se marcha del hotel? ~54~ —No de nuevo. Se dirige hacia el restaurante que hay en la parte de atrás. Te digo que tiene un aspecto horrible... Quiero decir, aparte de esas marcas de Frankenstein que lleva en la cara.

Ahora Nico se había ganado el derecho a ir al lavabo solo. Del mismo modo que se había ganado el derecho a usar el teléfono y a que dejasen de censurarle la correspondencia. Cada una de ellas había sido una victoria personal, pero como le habían prometido Los Tres, cada victoria acarreaba su propio coste. Para lo del teléfono, los médicos le preguntaron si aún sentía ira hacia el presidente Manning. En cuanto a la correspondencia, le preguntaron si aún sentía esa fijación por las cruces, el crucifijo alrededor del cuello de su enfermera, el que llevaba aquella gorda en el anuncio de un bufete de abogados en la televisión y, más importante aún, las que estaban ocultas y que sólo él sabía que estaban allí: las que creaban los cristales de las ventanas y los postes telefónicos, en las grietas que cruzaban en las aceras, y las tablillas de los bancos de los parques, y las hierbas, y, cuando ya no le permitieron salir fuera porque las imágenes le resultaban demasiado abrumadoras, las cruces de los cordones de los zapatos y los cables de teléfono y los alambres entrecruzados, y los calcetines tirados, las junturas de las baldosas y las puertas cerradas de la nevera...

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