By Fiodor Mijaïlovich Dostoevskiï

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Los Conflictos del Siglo XX: La Segunda Guerra Mundial

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Yo quería... Todo esto es tan extraño que le ruego me excuse por mi natural impaciencia... Tenía prisa por saber, por ustedmismo, sus intenciones. Por otra parte, ignoraba el contenido de lacarta, y pensé que podía entregársela en cualquier momento. -Comprendo. A usted le mandaron que no entregara la carta másque en el último extremo, en caso de que usted no hubiese podidoarreglar las cosas de palabra. ¿No es así? ¡Hable francamente, DesGrieux! -" Peut- être" -asintió, afectando una extremada reserva y lanzándome una mirada significativa.

Astley. - ¡Alexei Ivanovitch, Alexei Ivanovitch! -gritaba una voz chillona en la terraza del hotel. Corrimos hacia la entrada. Llegué a la terraza y... los brazos mecayeron a lo largo del cuerpo a causa de la sorpresa. Mis pies quedaron como clavados en el suelo. CAPITULO IX Habían llevado su sillón hasta el rellano del amplio vestíbulo y sehallaba rodeada de sus criados, de la obsequiosa servidumbre del hotel, y en presencia del "oberkellner" que había acudido a recibir aquella visitante de alta categoría llegada allí con tal aparato y ruido, tannumerosos sirvientes propios y tanto equipaje...

La señorita Blanche quiso primeramente quedarse, pero luego juzgó oportuno seguir a los demás. A suzaga venía también el principillo; sólo el alemán y la señora viuda deCominges se quedaron en la habitación del general. CAPITULO X Probablemente, en los balnearios y en los hoteles de toda Europa,cuando el gerente destina una habitación a los huéspedes, se guía másque por los gustos de ellos por su opinión personal acerca de la cuentaque podrá hacerles pagar. Pero Dios sabe por qué se destinó a laabuela un alojamiento cuya suntuosidad no dejaba nada que desear:cuatro habitaciones magníficamente amuebladas, con sala de baño,dormitorios para los criados, para la camarera, etc.

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