By Mario Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa contrapone con extraordinario virtuosismo técnico dos mundos que parecen vivir enfre ntados, el de las sociedades modernas y el de los pueblos que viven en armonía con los angeles naturaleza. A su vez conduce al lector a un viaje vertiginoso por el imaginario colectivo de los indios machiguengas, que le sirve para desarrollar, una vez más, una de sus obsesiones: el papel de l. a. ficción en los angeles vida de los hombres. ENGLISH DESCRIPTION together with his attribute technical genius, Mario Vargas Llosa counters worlds that seem at odds with one another —our sleek societies and the folks that stay in overall concord with the traditional environment.

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Los Conflictos del Siglo XX: La Segunda Guerra Mundial

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Al despedirnos, en la esquina de la Plaza Bolognesi y el Paseo Colón, nos abrazamos. –Te tengo que pedir disculpas –me dijo, de pronto compungido–. He hablado como una cotorra no te dejé abrir la boca. Ni siquiera has podido contarme tus planes para Europa. Quedamos en escribirnos, aunque fuera una postal de cuando en cuando, para no perder el contacto. Yo lo hice tres veces, en los años siguientes, pero él nunca me contestó. Ésa fue la última vez que vi a Saúl Zuratas. La imagen sobrenada, indemne, el turbión de los años.

Como el Doctor Luis Valcárcel, de joven, cuando pedía que se demolieran todas las iglesias y conventos coloniales porque representaban el Anti–Perú. ¿O sea que tenemos que resucitar el Tahuantinsuyo? ¿También los sacrificios humanos, los quipus, la trepanación de cráneos con cuchillos de piedra? Es gracioso que el último indigenista del Perú sea un judío, Mascarita. –Bueno, un judío está mejor preparado que otros para defender el derecho de las culturas minoritarias a existir –me repuso–. Después de todo, como dice mi viejo, el problema de los horas, de los shapras, de los piros, es nuestro problema hace tres mil años.

No habían sometido a uno solo y, despechados, los civilizados cusqueños se pusieron entonces a menospreciarlos. Por eso inventaron todos esos vocablos peyorativos en quechua contra los indios amazónicos: salvajes, depravados. Y, sin embargo, ¿qué le ocurrió al Tahuantinsuyo cuando debió hacer frente a una civilización más poderosa? Los bárbaros del Antisuyo, al menos, seguían siendo lo que eran, ¿no? ¿Y acaso los españoles habían tenido más éxito que los Incas? ¿No habían sido todas sus «entradas» un fracaso absoluto?

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