By Gabriel García Márquez

El normal Simón Bolívar, “El Libertador” de los países de América del Sur, da, por última vez, un nostálgico viaje por el río Magdalena en el que vuelve a visitar ciudades en sus orillas donde revive sus triumfos, sus pasiones y las traiciones de toda una vida. Poseedor de un gran encanto own, prodigiosamente afortunado en amores, en los angeles guerra y en l. a. política, todavía baila con tanto entusiasmo y habilidad que los que lo ven no pueden creer lo enfermo que está. Apasionado por los recuerdos del poder que tuvo, y de su sueño de unidad continental que nunca logró realizar, Bolívar es un ejemplo conmovedor de cuánto puede ganarse —y perderse— en una vida.

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Los Conflictos del Siglo XX: La Segunda Guerra Mundial

En esta serie, conformada por seis t#237;tulos, el lector encontrar#225; los hechos hist#243;ricos m#225;s significativos del mundo contempor#225;neo desde los angeles Primera Guerra Mundial hasta nuestros d#237;as. Es esta una obra deconsulta, especialmente dise#241;ada para todos aquellos que no s#243;lo deseen conocer en detalle el desarrollo cronol#243;gico y armamentista decada uno delos conflictos, sino tambi#n, y quiz#225;s lo que es m#225;s importante a#250;n, entender las causas de estos enfrentamientos entre los distintos pueblos y Estados ysus repercusiones enla geopol#237;tica genuine.

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A cualquier hora del día o de la noche, adentro o afuera, se oía resollar el calor. Postrado por la fiebre, el general soportó a duras penas la bienvenida oficial. El aire hervía a borbotones en el salón del cabildo, pero él salió del paso con una plática de obispo escaldado que pronunció muy despacio y con la voz a rastras, sin levantarse de la poltrona. Una niña de diez años con alas de ángel y un traje de volantes de organza recitó de memoria, ahogándose en la prisa, una oda a las glorias del general.

La tercera fue su modo de cantar. El gobierno mexicano había puesto toda clase de obstáculos a su ingreso en el ejército de Colombia, convencido de que su preparación en las artes de la guerra formaba parte de una conjura monárquica, patrocinada por el general, para coronarlo emperador de México con el derecho pretendido de príncipe heredero-. El general asumió el riesgo de un incidente diplomático grave, no sólo por admitir al joven Agustín con sus títulos militares, sino por hacerlo su edecán.

Los alumnos del Colegio de San Bartolomé habían vuelto a echarse a la calle con el sainete demasiado visto de las ejecuciones alegóricas, pero 40 no encontraron ninguna resonancia. Se dispersaron aburridos antes del anochecer, y el domingo cambiaron las escopetas por los tiples y se les vio cantando bambucos por entre la gente que se calentaba al sol en los potreros, hasta que volvió a llover sin ningún anuncio a las cinco de la tarde, y se acabó la fiesta. Posada Gutiérrez interrumpió la lectura de la carta.

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