By John Ajvide Lindqvist

Algo muy extrano esta ocurriendo en Estocolmo: en medio de una inusual ola de calor, l. a. gente se da cuenta de que no puede apagar los angeles luz ni los aparatos electricos. De repente, una noticia sacude a los angeles nacion: en l. a. morgue los muertos estan resucitando. Que es lo que quieren? Logicamente, volver a casa...Reconocido por los angeles Academia Sueca como uno de los autores mas brillantes de su tiempo, John Ajvide Lindqvist vuelve a dar muestras de su insuperable talento despues de Dejame entrar.Esta novela es una obra maestra. Es uno de los pocos relatos que hacen que el lector sienta lo que es los angeles muerte. Un libro magnifico y un gran autor.

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Evidentemente no era más que una sutileza teológica, pero ¿no se decía «en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte nos separe»? Miró hacia la puerta cerrada. La muerte los había separado. Él estaba muerto. Por lo tanto, ya no era responsabilidad suya. Ella no le había prometido al sacerdote que los casó cuarenta y tres años antes asumir ningún compromiso después de la muerte. Flora emitió un sonido. —Perdona, ¿qué has dicho? —le preguntó Elvy. Su nieta la miró directamente a los ojos y dijo: —Uuuuh.

Era lógico. De alguna manera era una cuestión de fe. —Eran los espíritus —le explicó—. Las almas de los muertos han sido liberadas. Hospital de Danderyd, 23:07 Era su mujer, ¿cómo podía tener miedo de ella? David dio un paso hacia la cama. Era el ojo, el aspecto de su único ojo. Es imposible describir un ojo humano: todas las simulaciones realizadas con la ayuda de los ordenadores resultaban fantasmales, aceptamos las pinturas y las fotos a sabiendas de que se trata de un instante detenido. No es posible describir ni representar un ojo vivo.

Abuela, ¿qué...? Entonces vio al muerto. Se le escapó un lamento y se hizo inmediatamente a un lado para no toparse con su imperturbable determinación. Él, sin advertir siquiera su presencia, entró en el dormitorio al tiempo que la muchacha se tropezó con el sofá, se cayó y, a gatas, se dirigió hacia la puerta del balcón, donde se dejó caer en el suelo con los ojos de par en par y empezó a chillar. Elvy corrió hasta ella, la abrazó y le acarició el pelo y las mejillas. —Chissst... chissst... No hay peligro...

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